Por Paulina Astroza.
Abogada. Experta en Relaciones Internacionales.
Las imágenes que hemos visto en los medios de comunicación de refugiados bloqueados en la frontera entre Grecia y Macedonia, o las madres temblorosas con niños en los brazos luego de cruzar el Egeo, o los ancianos bajo la lluvia y con los pies en el barro, son realmente dramáticas. Esto no solo ocurre en Europa, por cierto, y en otros continentes es incluso aun más dantesca la situación, pero uno hubiera esperado que aquella UE que invoca valores como cimientos básicos de su propia unidad –y a la vez exige al resto del mundo-, hubiera sabido afrontar de otra manera esta verdadera crisis humanitaria.
Observamos en cambio una UE en pánico, adoptando medidas desesperadas ante su propia incompetencia de hacer frente a la crisis de manera unida y solidaria.
A las múltiples tensiones y desafíos que la amenazan hoy, es sin duda la crisis de refugiados la que está poniendo en jaque su propia existencia y futuro. Nuevamente divididos los Estados, con luchas entre ellos y con las instituciones comunitarias, vacilantes ante opiniones públicas temerosas y ensimismadas, la UE ha caído en una trampa de la que es cada día más difícil salir.
Hace un par de días llegó a un pre-acuerdo con Turquía para enfrentar el flujo de personas que no cesa de aumentar. Ni las vallas ni las malas condiciones del invierno ni el trato recibido en muchos países ni el cierre de fronteras ha impedido que miles de personas hayan cruzado el Mediterráneo huyendo de la guerra, la muerte, el horror. Miles de ellas han dejado la vida en el intento.
Este pre-acuerdo viene a complementar uno anterior al que se había llegado con Erdogan y por el cual la UE se comprometía a entregar 3.000 millones de euros a Turquía para que ésta impidiera el paso de personas y se hiciera cargo de ellas en su territorio, haciendo frente a las mafias de traficantes que operan sin escrúpulos en las costas. Sin embargo, y como era predecible, Turquía sabe que en este tema está en posición de fuerza, que tiene la “llave de paso” de las personas que huyen a Europa y que es un actor esencial en lo que ocurre en Siria. Consciente de esto, Erdogan subió las condiciones.
En la declaración de los Jefes de Estado y de Gobierno de los 28 miembros de la UE con el Primer Ministro turco Ahmet Davutoğlu, Europa da un vuelco chocante. Se plantea el principio “uno por uno”, es decir, Europa decide expulsar de su territorio a quienes lleguen, sean éstos inmigrantes o refugiados incluyendo a los sirios, y enviarlos a Turquía. Este último se compromete a recibirlos bajo el compromiso de la UE de acoger, por cada persona recibida de vuelta de Europa, a un refugiado sirio que esté en Turquía que haya solicitado formalmente su asilo. Sí, como lee, como si se tratara de números, mercancías o bultos.
Como un vil mercadeo en un bazar de Estambul, Turquía ha sacado a europeos el compromiso de doblar el monto del dinero aportado, que se acelere la eliminación de visado a turcos cuando viajen a Europa y que se abran nuevos capítulos de la negociación estancada para su adhesión a la UE. Caro precio, más aun cuando una de las principales trabas para que este país ingrese a la UE ha sido justamente los cuestionamientos al Estado de Derecho y respeto de los derechos fundamentales, temas en los cuales actualmente hay un retroceso claro en el país euro-asiático.
Con este acuerdo se percibe una reacción de pánico de parte de los europeos. Están demostrando que están dispuestos a ceder ante Turquía -y ante la Comunidad Internacional- en temas que en el pasado podrían haber aparecido como impensables. Me refiero a saltarse la normativa internacional y europea en materia de asilo y derechos humanos.
Hace una semana solamente Turquía intervino el principal diario de oposición, ataca a opositores kurdos en una guerra civil poco comentada en los medios, retrocede en una serie de derechos civiles y políticos y la UE cierra los ojos y no condena con fuerza esta situación. Por el contrario, les pone alfombra roja, realiza visitas oficiales al palacete de Erdogan y acepta condiciones intolerables para muchos europeos.
La UE no sabe cómo controlar lo que está pasando, hay debates intensos en sus países, presiones de fuerzas nacionalistas, de ultra derecha, racistas y xenófobas, opiniones públicas que en muchos países cada día son más contrarias a acoger refugiados y partidos extremistas o con posiciones duras anti-inmigración que suben en encuestas (Holanda, Austria, Eslovaquia, Alemania, por nombrar algunos) o que ya dirigen gobiernos (Polonia, Hungría, República Checa, por ejemplo).
Francia, muy importante cuando hay problemas en la UE, no apoya a Angela Merkel y ha manifestado que no puede acoger a más refugiados, lo que se contrapone a la “solución europea” que Alemania busca.
¿Quién gana? Indudablemente, Turquía.
Primero, gana control de la situación. Se pone en posición de fuerza al momento de negociar. Sabe que es pieza clave en el control de daños y en lo que se pueda planificar a futuro. Por lo mismo exige más condiciones para asumir la responsabilidad de transformarse en la práctica en la “frontera fortificada de la UE”.
Porque eso es lo que ha hecho la UE, manifestar su intención de externalizar sus fronteras, de subcontratar a Turquía para que se hagan cargo de los refugiados e inmigrantes, bien lejos del Viejo Continente. ¿Cómo? ¿Bajo qué estándares para asegurar la protección de las personas? No lo dicen. Segundo, le está sacando a Europa acuerdos que eran imposibles o muy difíciles de obtener. Por último, con esta nueva negociación estaría logrando 3.000 millones de euros más a los ya prometidos.
La UE está pasando por encima no solo de tratados internacionales y normas europeas sobre la materia, sino también sobre los valores en los que ella se ha construido luego de las dos guerras mundiales. Hay muchísimas críticas hoy de organizaciones como ACNUR, Amnistía Internacional, Médicos sin Fronteras, Human Rights Watch, entre otras, incluso de europarlamentarios que sesionaron en Estrasburgo. Dentro de los puntos clave de estas críticas está la idea de la deportación masiva de personas a Turquía por no considerarse que ésta cumpla con el requisito de “país seguro”. Hay fallos de la propia Corte Europea de Derechos Humanos que se ha pronunciado sobre este tema de las devoluciones masivas y “en caliente” (uno de ellos condenó a Italia por la deportación de tunecinos desde la isla Lampedusa).
¿Qué viene?
Lo primero, es que la UE y Turquía se dieron 10 días para acordar los detalles por lo que recién el 17 y 18 de marzo se sabrá realmente lo que implicará este acuerdo. De lo anunciado, Grecia tendría que expulsar a Turquía a todos quienes lleguen a su territorio y Turquía tendría que aceptarlos.
Luego, por cada persona aceptada por Turquía, la UE debería aceptar un refugiado sirio desde Turquía. Primer problema, es que hay países de la UE que no quieren recibir a nadie más. Hungría ya ha dicho que pese al acuerdo ellos no recibirán a nadie. No existe forma de obligarlos, por lo tanto ¿cómo cumplirán? ¿Habrá reparto entre todos los miembros de la UE? Reino Unido ya dijo que no participará en el asilo común.
Segundo, es probable que se abran nuevas vías más peligrosas como Libia-Italia o España u otras rutas, llenando aun más las arcas de los traficantes de personas. También podrían aumentarse los casos ante la Corte Europea de Derechos Humanos quien deberá pronunciarse sobre la validez de este acuerdo. En fin, todo muy complejo. Por lo pronto, Grecia –ya sumida en una situación delicada- sabe que los refugiados e inmigrantes que están en su territorio podrían quedarse al menos entre 2 o 3 años más, ya no siendo un país de mero tránsito de las personas que llegan.
Esto no terminará con este acuerdo. Mientras las causas del exilio de millones de personas no termine, esto no para. Como leí a un colega especialista, “mientras más alto el muro, más alta mi escalera”. Las personas seguirán llegando porque se ven forzadas a hacerlo, no porque voluntariamente quieran llegar a Europa y las tensiones persistirán. Este domingo, en las elecciones regionales en tres estados federados alemanes con una población de 12 millones de habitantes, veremos cómo Angela Merkel sortea un primer test ciudadano. No se ven nada bien las cosas.
Columna de opinión publicada el 9 de marzo de 2016 en Cooperativa.