Hombres, los nuevos discriminados

Por María Paz Lagos.
HOY CELEBRAMOS el día de la mujer y si bien lo lógico sería hablar de ellas, lo cierto es que en la actualidad observamos el estigma del hombre-padre como un nuevo fenómeno en los temas de género, nocivo para los avances femeninos y la igualdad de oportunidades para ambos sexos.
Por años se ha hablado de la discriminación de las mujeres a causa de la maternidad, pero la evidencia nos muestra que hoy son los hombres los nuevos discriminados por querer ejercer su rol de padre.
Un estudio de Butler y Skateboo, señala que los hombres que experimentan conflictos familiares reciben menos reconocimiento laboral que aquellos que no lo tienen o no los expresan y el resultado tangible es menos ingresos como también disminución en sus opciones de ascenso.
Nada de esto sucedería si las organizaciones no estuvieran sustentadas en el mito de que el trabajador ideal es el que trabaja todo el día en jornada full-time y que no tiene ningún problema personal o familiar. Por eso los trabajadores al solicitar jornadas flexibles creen que esto puede percibirse como falta de compromiso con el trabajo y se abstienen de hacerlo.
Si bien las investigaciones demuestran que tanto mujeres como hombres sufren algún tipo de penalización como una disminución de sus ingresos por solicitar flexibilizar su jornada de trabajo o pedir permisos familiares para llevar por ejemplo hijos al doctor, son los hombres, quienes enfrentan más perjuicios porque no se espera de ellos que exijan este tipo de dispensas. De alguna manera está más asumido que sean ellas en su rol de género quienes requieran este tipo de beneficios, pero para los hombres se considera una desviación, calificando su actuación como más propiamente femenina, asociándola con características negativas del sexo como debilidad e inseguridad.
Estas barreras culturales son diferentes según países y también por continentes, siendo los europeos bastante menos prejuiciosos y más progresistas que los americanos, incluyendo Estados Unidos por supuesto.
Otros estudios dan cuenta de que en las empresas existe alta valoración por el padre tradicional, es decir, fundamentalmente por un proveedor de ingresos responsable con su trabajo y su familia, pero se valora menos al nuevo padre que junto con llevar un sueldo a la casa comparte las labores de crianza y cuidado del hogar con la mujer. Esto se traduce en que hay poco soporte organizacional y social para que ellos puedan ejercer su rol de buenos padres contemporáneos, en un contexto donde la tendencia mayoritaria es a que en una pareja ambos trabajen dentro y fuera del hogar. Obviamente hay excepciones, con ejemplos de empresas donde existen días de postnatal adicional para los hombres o flexibilidad horaria durante el primer mes de nacido un hijo, pero siguen siendo las mínimas. La gran mayoría tiene el prejuicio de que flexibilidad horaria es sinónimo de flojera y de que los hombres son buenos trabajadores cuando estos se limitan a su papel de proveedores.
Mientras estos estigmas no caigan, los hombres seguirán siendo con suerte sólo padres de fin de semana, las mujeres continuarán con un gran peso haciendo malabares con sus múltiples roles y sin duda, los principales perjudicados serán los hijos.
Columna publicada en La Tercera el 8 de marzo de 2016.