Hoy nos damos ánimo, tú decides para qué

Columna de Alejandra Pozo Cortez, Abogada, Mg. en Derecho, Ex Seremi de Justicia.
Un día cada año la sociedad reflexiona “profundamente” acerca de la lucha histórica que las mujeres hemos dado para vivir con la dignidad que merecemos. Un día cada año se recuerda a las mujeres mártires, heroínas, lideresas. Un día cada año los hombres nos extienden total gratitud por ser sus abnegadas compañeras, madres, amigas, hermanas e hijas. Un día cada año las mujeres tenemos un sentimiento común y nos enviamos abrazos y fotos de flores, de puños en alto, de frases célebres. Un día cada año la empresa organiza un desayuno con torta y rosa para las mujeres que laboran allí, otra empresa más pudiente organiza una cena con champaña. Un día cada año el gobierno regional y los municipios organizan un show “especial” para las mujeres. Un día cada año la televisión da comerciales alabando la belleza femenina y la “actitud” de mujer. Un día cada año terminamos acostadas con una rosa en el velador, con mil calorías más de torta y champaña, con el autógrafo del artista del show y sintiéndonos más poderosas que nunca después de tanta frase cliché.
Al día siguiente debemos SOPORTAR, así, a secas.
Soportar en la calle el acoso masculino, la mirada lasciva, la palabra obscena de aquél que sintiéndose superior cree tener el derecho de disminuirnos, de reducirnos a una cosa.
Soportar el sistema de salud, con ISAPRES que nos cobran más caro la cotización por ser mujeres en edad fértil o por acercarnos a la menopausia…como si usáramos la ISAPRE, porque, fíjense, las mujeres evitamos ir al médico, evitamos la licencia, ¿no ven que en el trabajo se ve mal que la mujer falte?
Soportar el sistema de pensiones, con AFP que administran parte de nuestro sueldo toda la vida para que, cuando jubilemos, nos den algo aproximado a ciento cincuenta mil pesos y debamos “estirar” el billete de cinco mil desde donde nos mirará la ilustre Gabriela Mistral, como preguntándonos a dónde hemos llegado.
Soportar que, por igual trabajo que los hombres, se nos pague más de un veinte por ciento menos que a ellos; seguramente esa diferencia en el sueldo se usó el día anterior para la torta y las rosas, quizás la cena.
Soportar que el sector más conservador del gobierno, mayoritariamente masculino, ponga dificultades al proyecto de ley que regula nuestro derecho a interrumpir el embarazo en causas extremas; total nos compensaron el día anterior con el show “especial” para las mujeres.
Soportar que los municipios sigan creyendo que el mejor proyecto comunal para mujeres es la zumba, como si nuestra fijación sea el físico.
Y lo peor de todo es soportar que algunas congéneres se olviden se la sororidad y, buscando algún espacio movida por el deseo de subsistencia, mire de brazos cruzados o escuche silenciosa los juicios incendiarios sobre otras mujeres que merecen la hoguera por decir lo que piensan o atreverse a romper los esquemas o por cómo llevan su vida privada o por vestir como visten.
No es que queramos torta, champaña, rosas y shows todos los días, ni el cuerpo ni la mente lo resisten. Simplemente queremos que se respete nuestra dignidad, queremos caminar tranquilas por la calle, queremos participar en los procesos y que se respete nuestra opinión y no la de una élite machista y retrógrada.
Queremos que los gobiernos regionales y comunales reflejen la paridad y proyecten iniciativas con verdadero enfoque de género, queremos que los políticos sean respetuosos con nosotras. Nos queremos ser más que los hombres, tampoco menos. Queremos equidad de trato. Por eso, este día quiero saludarlas a todas, enviarles ánimo, ustedes deciden para qué: si es ánimo para soportar o ánimo para alzar la voz.
Columna publicada originalmente el 8 de marzo de 2016 en El Diario de Antofagasta.