bigstock-Business-Gender-Equality-Vecto-230191975

La Equidad de Género y los Hombres: Hacia una sociedad más justa y más libre

Columna de Eliel Hasson

El escritor, periodista y sociólogo canadiense Malcolm Gladwell, en su libro Outliers – Fuera de Serie (por qué unas personas tienen éxito y otras no) – lanzó una teoría audaz y reveladora: para ser un experto – o el mejor entre los mejores – se necesitan al menos 10,000 horas de práctica. Y para ilustrarlo, nos dice que los Beatles no serían los Beatles si no hubieran practicado ese número de horas, al menos, en diversos bares y clubes de la ciudad.

Sin embargo, la premisa de Gladwell llevó a Melinda Gates – en una reciente columna de opinión – a pensar en otra estadística, no tan auspiciosa y motivadora: Según la OIT, las mujeres absorben el 76,2% del trabajo no remunerado – sea éste de cuidado y/o del hogar – es decir, tres veces más que los hombres, lo que representa aproximadamente el 9% del PIB global, unos US$11 billones anuales. En otras palabras, a lo largo de su vida, la mujer estadounidense promedio pasará unas 40,000 horas más que el hombre estadounidense promedio en labores no remuneradas, equivalente a 4 horas diarias contra apenas 2.5 por parte de los hombres. En el mundo en desarrollo la brecha es aún mayor.  En la India, por ejemplo, las mujeres pasan 6 horas diarias en labores de cuidado y del hogar; los hombres, en cambio, apenas 1 hora.

Entre 1901 y 2018 se otorgaron 940 premios Nobel, 904 a personas naturales y 24 a diversas entidades. Tan sólo 51 premios se concedieron a mujeres, en su mayoría, quedando fuera de la categoría de ciencias.

Si Gladwell tiene razón, eso le da a cada hombre suficiente tiempo extra para convertirse en un John, un Paul, un George o un Ringo.  O, porque no, en un premio Nobel.  Me pregunto qué cosas increíbles podrían lograr las mujeres si tuvieran la opción de dedicar esas 40,000 horas a ser las mejores en lo que hacen, si, a todas luces, aunque invisibilizadas en muchos casos, ya son las mejores.

En 2018, 606 millones de mujeres declararon que no pudieron buscar trabajos remunerados porque debían ocuparse de trabajos de cuidado, contra apenas 40 millones de hombres que se declararon impedidos por los mismos motivos. En los 23 países que monitorean estas cifras, entre 1978 y 2012, los hombres aumentaron su trabajo en la casa en tan solo siete minutos.

Para el 2030 se prevé que al menos 2.300 millones de personas en el mundo, en su mayoría niños menores 5 años y ancianos, tendrán dificultades para acceder a los cuidados necesarios para su sostener su condición. Y, lo más grave, es que esto podría incrementar aún más las desigualdades en los cuidados no remunerados que prestan buena parte de las mujeres en el mundo.  Con esta tasa, tardaríamos 210 años en cerrar la brecha de género en trabajos no remunerados.

Sin embargo, el problema puede convertirse en una oportunidad cuando verificamos que, según la OIT, si los países duplican el presupuesto que invierten en educación, salud y trabajo social, podrían crearse 269 millones de empleos de cuidado remunerados en el mundo en los próximos 12 años lo que ciertamente ayudaría a reducir la desigualdad de género en este segmento del mercado laboral.

Sin embrago, el desafío va más allá de las políticas y normativas laborales. También es un desafío cultural.  Según Sheryl Sandberg, Directora de Operaciones de Facebook y fundadora de Lean In Campaign, una organización sin ánimo de lucro que desarrolla programas para identificar y enfrentar los estereotipos de género, atribuimos el éxito de manera sesgada.  En efecto, mientras a los hombres se les suele atribuir el éxito a partir de sus habilidades y competencias, en las mujeres se tiende a valorar el trabajar duro, su capacidad de ayudar a otros e incluso, una dosis de suerte. Más aún, los hombres suelen ser promovidos en función de su potencial, las mujeres, en cambio, solo en base a la evidencia factual de sus resultados.

Sin embargo, la inequidad de género también se hace extensiva al mundo virtual. En efecto, Internet aún no es un campo de juego igualitario.  En ese contexto identificamos al menos tres barreras de sesgo:

Acceso: Las mujeres en el mundo en desarrollo tienen un 50% menos de probabilidades de tener acceso a Internet que los hombres debido a la carga financiera que implica lo que se agrava considerando la brecha salarial entre hombres y mujeres.

Educación: Según la World Wide Web Foundation, las mujeres son 1.6 veces más propensas que los hombres a reportar una falta de habilidades como una barrera para acceder a Internet.

Acoso:  Bien sabemos que las mujeres son particularmente vulneradas en sus derechos fundamentales y, a su vez, vulnerables a acciones de acoso en el ciberespacio, lo que las lleva a desconfiar y retirarse de la Web. Con esto en mente, no es sorprendente que las mujeres tengan un 52% menos de probabilidades que los hombres de expresar opiniones particularmente en asuntos controvertidos o litigiosos.

Una Internet inclusiva e incluyente al que accedan más mujeres sin duda puede ayudar a cerrar las brechas de género en todo el mundo. Internet es un catalizador para la invención y la innovación. Conecta y capacita a las personas para competir y jugar en un mercado global. En esencia, Internet tiene el potencial de servir como un gran democratizador a escala global. Pero, si se priva a las mujeres de acceder a Internet y expresarse en línea, todos perdemos en tanto que esas mujeres invisibilizadas tienen el potencial de llevar a la próxima generación de la Web a lugares que ni siquiera podemos imaginar, y llevarnos a todos y todas a un mundo mejor, más justo, más solidario.

Más aún, no es sorprendente encontrar estos estereotipos género en particular en los robots de inteligencia artificial que se han producido a lo largo de los años. Los bots femeninos suelen realizar más funciones administrativas y de secretaría, como ayudar en la realización de tareas de rutina, programar reuniones y servicio al cliente. Los bots masculinos, por otro lado, a menudo desempeñan funciones más analíticas como proporcionar asesoramiento financiero y servicios paralegales. Está claro que la utilización de bots para completar tareas rutinarias (como la banca, la recopilación de información, la programación, etc.) es un fenómeno creciente que continuará impregnando la vida cotidiana de las personas. Debido a que las personas esencialmente aprenden a través del modelamiento y la representación conductual, hoy tenemos una oportunidad real de afectar a la sociedad a través de la interrupción o el refuerzo de los estereotipos de género por la forma en que los bots están diseñados y las ideologías que inevitablemente representan. Dependerá de nosotros asumir este desafío de frente o permitir que la “comunidad de bots” sea un reflejo directo de los defectos sexistas de nuestra sociedad y perpetuar el status quo.

En el 2016, Ros Atkins, quien presenta el popular programa de noticias de la BBC “Outside Source”, se percató que por mucho tiempo – y quizá de manera inconsciente – había dado a los hombres mucho más tiempo en el aire que a las mujeres, por lo que decidió diseñar e implementar una iniciativa que permitiera la representación equitativa de hombres y mujeres que comentan o transmiten las noticias.  Tres años después, cientos de programas en la BBC y en otras organizaciones de medios de todo el mundo están participando de esta iniciativa conocida como “50:50”. Y otras 20 compañías de medios lo están probando, incluidos el Financial Times y la revista Fortune.

Aneeta Rattan, profesora de comportamiento organizacional en la London Business School, señala que las apariciones en los medios pueden crear y/o combatir los estereotipos de género. En sus propias palabras: “Cuando las mujeres no están representadas como expertas, existe la percepción – errada y arbitraria – que los hombres son expertos y las mujeres no”.

El reconocido sociólogo estadounidense Michael Kimmel señala acertada y asertivamente que los privilegios son invisibles para quienes los tienen.  De allí que resulta vital visibilizar la equidad de género desde y hacia el colectivo de los hombres como un primer paso para lograr un mayor bienestar para todos y todas.

Sendos estudios demuestran que los países, las empresas, las parejas, los niños y las niñas que viven y conviven con mayores niveles de igualdad de género, suelen contar con mayores índices de felicidad y productividad. Porque la equidad de género no es un juego de 1 a cero.  Es una victoria para todos.

En ese contexto, las empresas tienen el desafío de incorporar la igualdad de género como un valor estratégico y consustancial en sus estructuras de gobernanza y no como una simple prioridad. Lo que parece un mero asunto semántico, no lo es.  La diferencia es crítica y clave para que se produzcan grandes cambios culturales: Mientras las prioridades pueden cambiar en cualquier momento, los valores no.  Los valores y las creencias, bien lo sabemos, construyen realidad y modelan nuestro comportamiento social y afectivo.

Se cuenta que una vez un padre y su hijo iban en auto por una autopista cuando sufren un terrible accidente. El padre fallece y el médico que recibe al pequeño en la sala de urgencias lo mira y dice: “Es mi hijo, no puedo atenderlo”. ¿Cómo es posible?, ¿Quién podría ser?…

Quizá hace un tiempo nos hubiéramos quedado perplejos ante este acertijo. Pero hoy, cuando no dudamos en la importancia política y ética de equilibrar el trabajo, la familia y las relaciones humanas entre hombres y mujeres en igualdad de condiciones no dudamos un minuto en responder:  El médico es la madre. Y si queremos ser precisos con el lenguaje, debemos decir: La médica es la madre. Hoy, de alguna manera, el acertijo dejó de serlo.

En 1915, durante la víspera de una de las manifestaciones sufragistas en la Quinta Avenida de Nueva York, se publicó en un diario local un artículo titulado “Feminismo para los Hombres”.  La primera frase del artículo, a pesar de haber transcurrido más de 100 años, trasunta uno de los valores consustanciales de la Misión y la Visión de la Fundación Hay Mujeres en tanto que decía algo así: “La equidad de género permitirá a los hombres ser libres, por primera vez en la historia.”

 

Comments are closed.