Revolución Democrática y las oligarquías de la centro-izquierda

Hace unas semanas causó revuelo al interior de las élites políticas y círculos intelectuales, la salida de Miguel Crispi y Gonzalo Muñoz (importantes líderes de Revolución Democrática) del Ministerio de Educación, quienes a través de una carta pública, pusieron fin a su “colaboración crítica” al gobierno de Michelle Bachelet, acusando razones de carácter político, y la imposibilidad de que la reforma educacional (la más esperada de las reformas), se llevara a cabo con un énfasis progresista.
Resulta curioso que la renuncia, se produjera pocos días después de que Revolución Democrática (RD) alcanzara las firmas necesarias para constituirse como partido, produciendo incluso la furia pública del destacado columnista  Óscar Contardo, que realizó declaraciones en su contra, planteando su desafección política a la oscura y excluyente lógica de operar de las élites en Chile.
Revolución Democrática nació al alero de la Fundación Dialoga, que a su vez fue creada para que el legado de la Presidenta Michelle Bachelet perdurara una vez culminara su primer mandato. Entre sus colaboradores se encontraba lo más fashion de la ex Concertación. Clarisa Hardy, su ex Directora Ejecutiva, se preocupó de buscar un elenco “ondero”, para poder resituar el debate de ideas en los jóvenes, frente a la paupérrima oferta ofrecida por las juventudes políticas de los tradicionales partidos de la actual Nueva Mayoría, ya que además se caracterizan por replicar las mismas prácticas, ampliamente criticadas de la “vieja política”.
Este llamativo grupo, provenía de la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC), quienes formaron el colectivo llamado Nueva Acción Universitaria (NAU), que reunió a lo más variopinto de la militancia yadherencia a la Concertación en la PUC, cuyas performances electorales fueron exitosas; atribuyéndose entre ellas, la célebre gestión  del actual diputado Giorgio Jackson.
Los jóvenes, lograron congregar a un selecto grupo de intelectuales, líderes de opinión, gracias a los recursos económicos y políticos proveídos por la Fundación Dialoga. Desde ahí, reactivaron los debates políticos a través de la plataforma web Sentidos Comunes, y la Escuela de Formación de Jóvenes de la Fundación, siguiendo el modelo de experiencias realizadas en el pasado por la Escuela Bicentenario de la Fundación Chile 21, cantera de liderazgos jóvenes como la G90, y cuyos rostros más “destacados”, recibían una beca para compartir conocimientos en Madrid, con el ahora alicaído Partido Socialista Obrero Español.
Luego del brillante desempeño del actual diputado Giorgio Jackson, como dirigente estudiantil durante el año 2011, se abrió una ventana de oportunidades para los emprendedores políticos de la Fundación Dialoga (muchos de los cuales, pertenecían al Partido Socialista), quienes deciden congelar sus militancias y formar así el movimiento Revolución Democrática.
Su estructura (conducida además por una fuerte presencia masculina), destacaba además por sus características de clase y estrategias políticas basadas en el marketing y campañas publicitarias, que lograron atraer a jóvenes que desencantados con los modos tradicionales de hacer política, se cobijaron en las filas del actual partido. No obstante su estructura es blanda y aparentemente “horizontal”. Su modo de funcionamiento, basado en el uso de las nuevas tecnologías, y su particular modo de llegar a acuerdos, todavía no permite tener claridad sobre su posición ideológica en el mapa del sistema de partidos chileno.
Sin embargo, la primera crisis del “movimiento”, se produce el año 2013 en que se enfrentaron dos grupos, para decidir sobre el apoyo o no a la candidatura de Michelle Bachelet. El grupo liderado por Miguel Crispi (hijo de Claudia Serrano, ex Ministra de Bachelet y cercana al grupo que lidera Camilo Escalona), logró a través de un proceso de negociación entre élites familiares y políticas, la omisión de la Nueva Mayoría en Santiago Centro, dejando libre el cupo para la candidatura de Jackson, que fue subvencionada por la naciente coalición, en particular por Carolina Tohá, quién no dudó ni un minuto en ayudar a hacer campaña.
La maquinaria interna, funcionó al modo de la “vieja política”, y toda disidencia fue aplacada, ya que ésta carecía de recursos de poder, dinero, clase, y no era de Santiago,  imponiéndose la postura del bacheletismo al interior de RD, quienes además negociaron una serie de cargos para ingresar al nuevo gobierno, ganando sueldos sobre 3 millones de pesos mensuales personas que tenían nula experiencia laboral, recién egresados. Éstos jóvenes, fueron situados en cargos clave de asesoría y de decisión de política pública.
A modo de conclusión preliminar, es posible colegir, que los ex socialistas que formaron RD, no fueron capaces (o no tuvieron la intención), de dar la pelea dentro del Partido Socialista (el cual es conocido por tener una de las internas más difíciles dentro del sistema de partidos chilenos), y al estar en posesión de los recursos de poder, económicos y familiares, pudieron generar una opción política (subvencionada por la élite de la Nueva Mayoría), muy diferente incluso al abatido movimiento Izquierda Autónoma (de Gabriel Boric).
Lo que queda claro, es que aunque se intente renegar al interior de la izquierda (centro izquierda), la ley de hierro de la Oligarquía de Robert Michels se replica y con fuerza, donde la clase, la escuelita secundaria, la universidad, el barrio, e incluso el fenotipo racial importan y mucho, en la segregada, clasista y racista sociedad chilena, cuyas élites políticas y partidarias reflejan el ethos aspiracional de la cultura nacional.
Los dilemas de la clase y de la raza, se encuentran más vigentes que nunca en la política chilena, y se aprontan a generar fisuras entre la propia militancia de los partidos tradicionales y de los nuevos movimientos, esta vez, reflejados en el auge y privilegios que se han otorgado a los herederos de la Concertación, que disfrazados de recambio (liebres, en el lenguaje de Contardo), la vieja política ubica a los suyos, reproduciendo a una élite que, paradójicamente, la centro izquierda, dice busca eliminar.

Columna de opinión publicada originalmente en Voces de La Tercera.